NO HACER

Estrenamos sección nueva llamada No Hacer. En ella vamos a hablar sobre actividades que valoramos como poco o nada rentables para nuestro trabajo y para nuestros pacientes. En breve publicaremos todos los puntos en este apartado, mientras empezamos a publicar los primeros:

2. No Hacer actividades asistenciales fuera de agenda:

Nuestro trabajo diario está programado al minuto, a los escasos minutos, sin que éstos se hayan visto incrementados, más bien reducidos. Mientras se ha producido un incremento de la asignación de tareas a los profesionales de atención primaria sin asignación de un tiempo específico para realizarlas (control INR, revisión de retinografías, dermatoscopias, revisión del buzón del profesional y actividades derivadas de ello: valoración de altas hospitalarias o de enfermos que han pasado por urgencias), valoración de analíticas y otras pruebas complementarias, realización y revisión de informes de inspección, realización de ecografías, infiltraciones, revisión de los tratamientos, deprescripción, atención de llamadas telefónicas de pacientes, consultar con otros profesionales …. Muchas de estas actividades requieren revisar la historia clínica del paciente, realizar llamadas de teléfono, contactar con otros profesionales del equipo o de otros niveles asistenciales y un largo etcétera imposible de enumerar.

Actualmente hacemos lo que podemos, antes de empezar o entre pacientes, en ocasiones quitando tiempo a algunos de ellos; o al final de la jornada, prolongando ésta. Casi siempre sin poder tener en cuenta toda la información necesaria para la intervención clínica derivada o sin dar todos los pasos que se debería, de forma que puede existir mayor posibilidad de pasar por alto datos importantes e incurrir en errores. Medicina a contrarreloj.

La cartera de servicios de atención primaria va aumentando sin dotar a ésta de los recursos necesarios. No se puede hablar de Plan de crónicos sin agenda de crónicos o con agendas a 5 minutos en horarios imposibles, de examen de salud a mayores de 65 años sin prever un tiempo y espacio para realizarlo, de intervención individual en obesidad infantil con agendas a 1 minuto. Pensar que todas las tareas se pueden realizar en los cinco minutos de consulta es vivir fuera de la realidad y crearnos una angustia añadida a la cotidiana, la de no llegar nunca a hacer lo que debemos, la de tener siempre cosas pendientes que pueden repercutir negativamente en el paciente, la de que somos “medio” médicos porque nos quedamos día tras día a la mitad de aquello que tendríamos que hacer. Es un desgaste adicional derivado de nuestro compromiso profesional y el nivel de responsabilidad que asumimos sin que se nos reconozca.

Toda actividad clínica debe realizarse con un tiempo asignado en una agenda específica  que permita unas condiciones adecuadas para garantizar la calidad de la actuación y la seguridad de los pacientes. Y mientras tanto NO HACER y que no parezca que se hace.

 

Ejemplos de agendas imposibles a 1-5 minutos para actividades que duran unos 30 minutos o más: 

citas programa consejo dietético individualcitas programa consejo dietético individual

citas programa cronicos

 

 

 

 

 

 

 

 

1.No realizar registros de datos en lugares preestablecidos si no son útiles para el seguimiento clínico de los pacientes.

La historia clínica es reflejo de la salud y enfermedad de las personas. Todos los datos en ella contenidos deben reflejar de forma clara y fidedigna la situación de sus problemas de salud. Estos datos deben mostrarse de forma asequible a los distintos profesionales que puedan prestarle atención y en particular al médico de familia o pediatra que  se encarga de su seguimiento habitual.

Es un instrumento para la asistencia a los pacientes y nunca representa un fin en sí misma, siendo un objeto al servicio de la atención clínica que siempre debe estar centrada en el propio paciente, como sujeto y centro del acto médico.

La implantación del modelo de gestión clínica, los mal-llamados “acuerdos” de gestión y su concreción en objetivos, ha establecido un complejo sistema de registro de determinados datos en determinados lugares y de determinada forma, con el único objetivo de servir de medición de indicadores, y que van cambiando según lo que desean medir y cómo. La historia clínica pasa a ser un instrumento de control de los profesionales más que un documento de y para los pacientes. La mayoría de estos registros son complejos, nada operativos, dándose el caso de que dejan los datos ocultos a la visión del profesional y requieren un tiempo y esfuerzo en la consulta que se detrae del que el paciente necesita para ser correctamente atendido.

Ante esto, los profesionales buscamos alternativas de registro accesible como es la utilización de la Hoja de Evolución y la Lista de Problemas para incluir los datos clínicos fundamentales de los pacientes, lo que, de cumplimentar también los exigidos para los objetivos, lleva a un doble modelo de uso de la historia (a favor del paciente, a favor de la gestión) y una pérdida del tiempo que no tenemos.

Esta exigencia de cumplimentación de datos supone ante todo el paso de una atención centrada en las personas a una atención centrada en el registro que desvirtúa la práctica clínica, la comunicación y la relación médico-paciente.

Vamos a priorizar la atención a las personas.