Diario de la consulta 173: explíqueme

Nuestros pacientes entienden perfectamente la importancia de la continuidad y longitudinalidad en los cuidados, lo cual se materializa en tener un médico de referencia en el que confían, y en que disponga de suficiente tiempo. Lo demás, no es Atención primaria.

DIARIO DE LA CONSULTA 173: EXPLIQUEME

Margarita entró al tropel en la consulta. Venía muy agitada, con los ojos a reventar, despeinada y respirando como si el aire se le resistiera a entrar y sobre todo a salir y se le inflara en el centro del pecho como un globo a punto de estallar. Estalló al sentarse en la silla que no le pertenecía por derecho de cita pero sí por el derecho que da la necesidad de ocupar el lugar miles de veces hecho nuestro por repetición. Yo adiviné que algo grave pasaba, Margarita nunca ha tenido comportamientos irruptivos y siempre había seguido rigurosamente las normas y turnos.

Cuando pudo hablar, me dijo que los pacientes en la puerta la habían dejado pasar, que venía directamente del centro de especialidades, al que había ido a recoger los resultados del estudio que le habían hecho y que se había iniciado en julio del año pasado, cuando yo la derivé mi último día de trabajo antes de las vacaciones, por síntomas sospechosos de patología tumoral. Efectivamente se confirmaba el diagnóstico y el comité de tumores, al que por supuesto no estoy convocado, decidirá en unos días el tratamiento a seguir. De todo lo que le habían explicado ella solo había entendido una cosa: cáncer. Detrás de esa palabra hay muchas otras que Margarita encadenó como un doloroso efecto dominó en su cerebro y que incluía cosas como dolor, quirófano, quimioterapia y muerte.

Como no traía ningún informe cargué su historia, con permiso de DIRAYA, entré en la historia única y tuve suerte de encontrar lo que habían escrito en la consulta de la especialidad correspondiente. Era un tumor infiltrante localmente, el estudio de extensión era negativo. Una buena noticia dentro de una mala. La verdad me daba un margen de maniobra que utilicé para intentar calmar a Margarita. Le expliqué, me preguntó, le respondí, me volvió a preguntar, le volví a dar explicaciones. Cuando parecía que ya no tenía más interrogantes, o que los tenía todos pero en un segundo plano, le dije que hablara con su familia y que yo les explicaría las dudas que tuvieran. Se fue pidiéndome disculpas por haber venido así pero, “necesitaba que usted lo supiera y me explicara”.

Me quedé pensando lo importante que era para Margarita hablar con su médico de familia, que ante un diagnóstico de gravedad, en lugar de ir a casa, con su familia,  había decidido bajarse dos paradas antes de autobús para venir a contarme y que yo le respondiera, y lo importante que sería para ambos que hubiera espacios y tiempos más flexibles para dar y recibir explicaciones necesarias, imprescindibles.

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