Diario de la consulta 171: mujer y médica…mil razones para hacer huelga y cambiar el mundo

La Atención primaria es como la mujer, vulnerable y aparentemente débil, y así la tratan los poderosos.

DIARIO DE LA CONSULTA  170: MUJER Y MÉDICA…MIL RAZONES PARA HACER HUELGA Y CAMBIAR EL MUNDO

Nací mujer, como algo más de la mitad de la humanidad, y ello ha marcado mi vida, en numerosas ocasiones generándome un sufrimiento innecesario y totalmente injusto.

Cuando era adolescente y más joven he tenido que soportar mil obscenidades que me han dicho por la calle. Se me ha limitado la libertad por motivos de seguridad, porque una mujer no está segura dependiendo de con quien se cruce en la calle. Y no es que los hombres lo estén, sino que al menos se libran de todos esos desaprensivos que quieren usarte como un juguete sexual de usar y tirar, tipos con los que me he encontrado en dos ocasiones, aunque tuve suerte de salir indemne.

Pero hoy quiero hablar de mi condición de mujer médica y de las muchas cosas que me han pasado.

La mitad de mi promoción de la universidad éramos mujeres, ahora rondan el 70%, a pesar de lo cual, la consideración entre géneros es diferente. Nadie cuestionaba la profesión de mis compañeros MIR varones cuando hacíamos guardias en la urgencia del hospital, en cambio, nosotras entrábamos en la sala de observación y empezabas a oir: “Niña, la cuña”, “Niña, que se me acaba el suero”…y así siempre, la mayoría de esas peticiones eran de hombres, pero también de mujeres.

Luego vinieron los contratos de aquí para allá. Estaba embarazada y me contrataron 4 meses durante el verano. Pedí permiso para acudir a las clases de educación maternal, que entonces sólo había por la mañana, y la directora del centro, mujer, me dijo delante de todo el equipo que no entendían cómo habían contratado a una embarazada. En el siguiente contrato estaba aún más embarazada, claro, el director me recibió diciendo que el administrador del distrito no debía haberme visto porque si no, no me hubiera contratado en mi estado. Hice 9 guardias ese mes, el último de mi embarazo, sin descanso tras ellas, o sea, 36 horas continuadas cada vez. Mi hijo nació con bajo peso.

A los pocos meses, me contrataron en un centro donde entrabas de guardia el sábado a las 9 y salías el lunes a las 8, y te ibas a pasar consulta a tu pueblo hasta las 15h. Del tirón. Además,  hacía 200km diarios para poder estar con mi hijo, la alternativa era casi peor, si no cogía el contrato me sancionaban y no me llamaban para trabajar.  Yo me preguntaba si el mundo se había vuelto loco, me había hecho médico para ayudar y cuidar a otras personas, y a cambio no me dejaban cuidar de mi propio hijo, un bebé indefenso. Al cabo de unos meses renuncié al contrato harta de los llantos de mi hijo y míos y rebosando de dolor, perdiendo el desempleo; y emigré a otra provincia, a Málaga. Conseguí un contrato en la capital, sin guardias, que fue una bendición, y también más tarde una plaza por oposición. Pueden imaginar lo que estudié para intentar conseguir una plaza en un centro de salud sin guardias.

Ahora nos eximen de guardias durante el embarazo y el primer año de vida de nuestros hijos, y es de agradecer, pero no entiendo qué diferencia hay entre que el niño tenga 11 ó 12 meses, tiene las mismas necesidades de cuidados durante mucho más tiempo, porque estamos hablando de que desapareces de tu casa 24 horas seguidas, y vuelves reventada. Y si el padre también es sanitario, situación bastante frecuente, pues vamos de oca en oca y tiro porque me toca.

Y sigo contando. ¿Y si tienes un director de esos autoritarios y controladores que usan la amenaza y los comportamientos agresivos para conseguir sus objetivos? ¿Adivinan con quienes usan más esas malas artes? Pues sí, también me ha tocado alguien así. Gritos que se oían desde el pasillo, en este caso a otras compañeras, y a mí no tanto, porque no me dejo. Y otro compañero que me dijo un día en un conflicto con un aviso a domicilio “tú haces lo que yo te mando”, también a gritos.

Algunos pacientes tampoco se quedan atrás, uno me amenazó con secuestrarme y violarme hasta que se hartara de mí, y me dijo que hasta tenía buscado el cortijo donde me iba a llevar, y todo por no recetarle los psicofármacos que usaba para revender y comprar droga. Durante meses fui incapaz de contar lo que me dijo. Pedí que me lo quitaran del cupo y me contestaron que ante todo primaba la libre elección de médico. Después de mucho luchar en estos temas, ahora nos  quitan a estos pacientes.

Y podría seguir contando y esto no tendría fin. Ser médico no es fácil, pero si eres mujer hay sensibles desventajas. Porque si yo fuera un varón, y si además midiera 1.80m, una parte de lo ocurrido no hubiera pasado. Y si no fuera médica de familia del SAS, tampoco hubiera tenido esos horarios que te revientan el cuerpo y te impiden cuidar a tus hijos y familia.

Y ¿no han pensado que la Atención primaria respecto a los hospitales son como la mujer y el varón? Cuando en los hospitales de Andalucía llevaban años descansando tras las guardias de 24 horas, en primaria seguíamos trabajando 36 horas y, en algunos sitios, muchas más. La Atención primaria resuelve el 80% de los problemas de salud de los ciudadanos, pero el prestigio social, los presupuestos y los recursos diagnósticos se los llevan los hospitales.

La Junta de Andalucía habla maravillas de la Atención primaria, de que es esencial, el centro del sistema sanitario,  y de que la va a reformar, pero el dinero se lo da a los hospitales. Esto es como la historia del hombre y la mujer, mucha igualdad en las leyes y bonitas palabras,  pero los hechos demuestran que dónde está la fuerza está el poder, que además no se quiere compartir, y que hay poderosos que abusan de los débiles. La Atención primaria nació débil, sigue siéndolo y los hechos demuestran que nuestros gobernantes la quieren débil, y la tratan como a tal.

Las mujeres seguiremos luchando, y los profesionales de la Atención Primaria también.

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