Una historia con nombre y apellidos: cómo perder un médico

Rocío os va a contar su historia. No hace falta explicaciones, sus palabras lo dicen todo:

El pasado 20 de Mayo de 2017 terminé mi residencia de Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital Regional Universitario de Málaga. Escogí esta especialidad porque tenía claro que quería dedicarme a la Atención Primaria. Sin embargo, en los últimos meses de residencia he podido experimentar en primera persona que el sistema sanitario de nuestra comunidad ha dificultado nuestra incorporación una vez que somos adjuntos.

En Junio, varias semanas después de acabar la residencia, se pusieron en contacto conmigo en dos ocasiones:

– En una de ellas ofertaban contratos con turnos de 5 o 7 horas, concretamente todas las tardes en aquellos Centros de Salud que estuviesen abiertos durante el verano en este horario, además de fines de semana para completar las 35 horas/semana y que, por tanto, no se paga como jornada complementaria. 

– Más tarde, me llamaron simplemente para preguntarme si estaba interesada en trabajar en Atención Primaria, pero sin saber detallar cuestiones como en qué Centro de Salud trabajaría, si era necesario hacer guardias, la fecha de inicio, el sueldo o el horario. Apenas sabían nada del contrato que ofrecían.

En ambos casos, estos contratos finalizaban el 30 de Septiembre, sin garantías de nada más allá de ese día.

Por ello, ante tanta incertidumbre y precariedad laboral decidí salir de Andalucía, con lo que conlleva tener que separarse de pareja, familia y amigos. 

Actualmente, estoy trabajando en Mallorca como médico de familia. Contactaron conmigo la primera semana de Mayo y me ofrecían un contrato hasta el 31 de Enero, con un horario bien establecido, mejor remunerado y bastante flexibilidad para realizar turnos extra en caso de ser necesario. Además, aunque ningún sistema es perfecto, hay detalles que facilitan el trabajo diario como disponer de 10 minutos para cada paciente o poder solicitar pruebas como una ecografía o un TAC sin demoras excesivas.

La Atención Primaria es, a mi parecer, la base del sistema sanitario y se debería garantizar que el médico de familia disponga del tiempo y los medios necesarios para llevar a cabo su labor ya que una adecuada prevención y promoción de salud evitan futuras enfermedades y comorbilidades.

Rocío Reina González. 

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